El Diablo en Somos Jóvenes No 21

Revista mensual 190 Diciembre de 2000

No digas nada. Soy yo quien más ha sentido esta ausencia que no sé cuánto dura, ni si medirla en palabras, días, cuartillas o miradas que escudriñan ese espacio en blanco infinito que es una página. Como espantadas del frío del invierno del fin del milenio, o de todos lo siglos, o de un mínimo instante, van cayendo (cual versos de necesidad), oraciones, ideas que abrigan por la añoranza de ser el abrazo mejor —ese que, simple e inmensamente, deja una buena señal en otro ser. Ojalá tenga el privilegio de tus razones bebiéndose estas líneas para ser, embriagado de dicha… El Diablo Ilustrado

Año nuevo vida nueva reza un viejo refrán que viene a la mente con esa alegría creciente que trae el avance del almanaque por las últimas horas de diciembre. Con quién compartir ese instante final de un año, a quiénes ir a visitar o enviar una postal en esos días finales, en fin, los sentimientos amorosos diversos se agolpan, desde los más íntimos hasta los más sociales. Sí, porque el fin de año sabe a recuento, uno piensa en el amigo, en la pareja que se tiene o añora y, cuando no se es un tonto que solo piensa en sí mismo, una expande su menta también hacia el balance de lo que ha sido en el tiempo el país y el mundo. Este 31 tiene sabor especial porque despide también el siglo y el milenio. Claro que ello no es más que una manera de contar el tiempo por acuerdo humano, la verdad objetiva es que el Sol “sale” y se “esconde” por la rotación de la Tierra alrededor del Sol y que las diversas culturas han creado sus calendarios hasta que la globalización —mucho más antigua de lo que quieren hacernos creer— ha ido imponiendo a la mayoría del mundo uno de los tantos existentes. Así que el 1ro de enero de 2001 el Sol se levantará como un día cualquiera por el horizonte, pero tendremos la sensación de entrar al nuevo milenio. Esto, sin dudas, conlleva reflexiones, ojalá tantas como para percatarnos de que el mundo no ha sido lo que debería ser y los poderosos dijeran de una vez: “caramba, tanta ambición, tanto acaparamiento, tanto belicismo, tanta muerte que provocamos en lugar de poner la tecnología y los recursos a favor de la humanidad, sin tanto lucro desmedido ni derroche irracional”. Pero no se le puede pedir peras al olmo o mangos al cactus, allá los egoístas o, como dice Silvio, vaya con suerte quien se cree astuto porque ha logrado acumular objetos, pobre mortal que, desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto. Tú y yo no somos de esa especie (que ya irá en extinción) somos de los que abrimos los ojos extendiendo las manos de brindar que son las que iluminan.  En el camino de esa luz recibiremos el primero de enero, pensando en un viva al país que se levanta en nombre de lo humano y hacia lo divino, en ese coro de velas que no se han apagado a pesar de los vientos de la tempestad, precisamente porque han sabido acurrucarse en un fuego común, ese calor que sabe que el amor nunca se apaga. Darán las doce, mirarás a tu lado, y estarán tus amores inmediatos, los más íntimos, esperando el abrazo y el beso que selle ese pacto que es saber que nos tenemos mutuamente, que puedes contar conmigo (y yo contigo) hasta diez o hasta mil, como diría Benedetti. Hay quienes, acorde con las tradiciones, tirarán un cubo de agua hacia la calle, como sacando la suciedad del viejo año para que el hogar entre limpio al mes de enero. Esto hay que hacerlo también con uno mismo, pensar qué ha sido nuestra existencia, qué lados oscuros debemos fregar para limpiar el alma. Solo en el sincero debate con sus propias sombras puede uno renovarse hacia el bien que da la única dicha verdadera, la de superarse a sí mismo a cada instante. Cada cual estará tejiendo sus planes para le nuevo siglo, algunos estarán centrados en tener más, esos son planes desechables, objetivos de tontos, si voy a tener más, que de eso se ocupe la vida, mi mente no la puedo emplear en fines primitivos, debe emplearse a fondo en los proyectos de ser más, de robarle espacio a la ignorancia y los defectos que nos lastran. Ya sabes que este 31 de diciembre, en la medida en que se aproximen las 12, estaré debatido entre el he sido y el seré, ardua tarea que debe llevarme a un mejor amanecer interno, única posibilidad de ofrecerme y ofrecerte mañana algo mejor de mí y no sé de otra cosa que signifique en el fondo ser feliz.

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